La Región de Magallanes (Chile)

 

 

 
 

 
  
Muchas cosas se podrían decir sobre la XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, que corresponde al territorio administrativo más austral y más extenso de la República de Chile y, consecuentemente, el más austral de Sudamérica.

Excluyendo la zona de reclamación en el Continente Antártico, la Región de Magallanes presenta una enorme superficie de 132.034 km2 (correspondientes a un 17% de la superficie total de Chile), la cual es mucho más extensa que algunos famosos países europeos (Grecia, Portugal, Austria, Suiza, Bélgica). Contrariamente, presenta una escasa población de 158.657 habitantes (según el censo del año 2002), apenas un 1% de la población total de Chile.

Administrativamente está dividida en cuatro Provincias (Última Esperanza, Magallanes, Tierra del Fuego y Antártica Chilena), cuyas capitales (Puerto Natales, Punta Arenas, Porvenir y Puerto Williams, respectivamente) son ciudades netamente costeras. De éstas, Punta Arenas (que además es la capital regional), ubicada en la cuenca central del Estrecho de Magallanes, es la que acumula el 73% de la población total de la región.

 

Pero lo que más nos importa en este sentido es que su irregular geografía –formada por numerosos fiordos y canales donde destaca el gran canal del Estrecho de Magallanes– permite que su línea de costa tenga la gran longitud de 5000 km (ver segundo mapa). Esto quiere decir que si tuviéramos la posibilidad de “estirar” toda la costa de Magallanes en una sola línea, tendríamos un litoral que se extendería aproximadamente entre la zona central de Perú y Magallanes (!).

Esta irregularidad y gran extensión genera una gran variedad de ambientes litorales y sublitorales. Imaginemos un estrecho canal con aportes de aguas dulces desde ríos y glaciares y comparémoslo con el gran Estrecho de Magallanes: indiscutiblemente la fauna de los fondos marinos va a ser distinta entre uno y otro, puesto que no todos los seres marinos son capaces de tolerar bajas salinidades. Sumado a esto, si tenemos en cuenta de que los canales, al ser zonas de relieve irregular o eminentemente montañosas, su plataforma cae a pique hasta cientos de metros de profundidad, tal como un encajonado valle entre dos montañas. Podemos entonces ya imaginar la diversidad de seres que son capaces de habitar allí.

 

En relación a lo anterior, estos vastos territorios comenzaron ya desde el siglo XIX a llamar la atención de exploradores y naturalistas mayormente europeos. En principio, cabe destacar al célebre Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución, quien pasó por estas tierras el año 1834 a bordo de su embarcación, el bergantín H.M.S. Beagle (capitaneada por Robert Fitz-Roy) acompañada del H.M.S. Adventure. Esa ocasión ya constituía el segundo viaje de las embarcaciones a estas tierras. En mayo de ese año, Darwin exploró el Estrecho de Magallanes durante 20 días; su embarcación, ancló en Puerto del Hambre y el investigador ascendió al monte Tarn (ubicado a unos 18 kilómetros al sur-poniente) “...La selva era de tal modo espesa, que se nos hacía necesario consultar la brújula a cada instante…”. Luego de eso Darwin continuó su viaje hacia el centro del país, donde fue testigo hasta de un terremoto, observando indicios de un levantamiento del terreno, entre los que se encontraban acumulaciones de valvas de mejillones (choritos) por encima de la línea de la marea alta.

 
  

Pero, más específicamente fueron muchos los investigadores que reportaron sus descubrimientos de especies que habitan los fondos marinos de Magallanes. Los grandes países financiaban expediciones, de las cuales, científicos y naturalistas especialistas eran los encargados de estudiar cada grupo de organismos. Por ejemplo los ingleses Phillip P. King y William J. Broderip publicaron en 1832 el primer trabajo sobre los moluscos de Magallanes, a partir del primer viaje de los ya conocidos buques H.M.S. Beagle y H.M.S. Adventure, entre 1826 y 1830. Así fueron pasando años de intensas investigaciones y reportes hasta que, por ejemplo, los franceses Alphonse Trémeau de Rochebrune y Jules François Mabille describieron en 1889 numerosas especies nuevas de moluscos a partir de la expedición Francesa de 1882-1883 al Cabo de Hornos. De esta manera, investigación tras investigación se continúa con el conocimiento de los moluscos hasta los días de hoy

Si eso lo proyectamos a los demás grupos de organismos que habitan los fondos marinos (por ejemplo, crustáceos, equinodermos, peces, etc.) tenemos una gran cantidad de trabajos clásicos reportando muchísimas especies diferentes, la mayor parte de éstos publicados desde finales del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX. Estos trabajos hoy en día son conocidos prácticamente por los científicos especialistas que estudian cada uno de esos grupos y el conocimiento de la real biodiversidad no llega masivamente a la gente.

 


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